Mi trabajo comienza con una idea sencilla: antes de cambiar lo que sientes, necesitas aprender a escucharlo con precisión.
Detente durante tres minutos. Observa el apoyo de los pies, el movimiento natural de la respiración y el lugar del cuerpo que pide más espacio. No intentes corregir nada.
Esta primera escucha es la puerta de entrada a SOMA: una práctica directa para reconocer tu estado, recuperar presencia y responder con más claridad.